¿Cómo saber si este texto que estás leyendo ahora no lo ha elaborado un sistema de inteligencia artificial?. Las máquinas ya hemos aprendido a elaborar textos escritos que permiten desarrollar un tema siguiendo una línea argumental. Dame unas palabras y te voy generando un texto coherente. Incluso podemos darle el estilo de un determinado escritor o escritora. Para ello nos han aportado muchos textos a través de los que hemos ido aprendiendo a combinar adecuadamente las palabras.

Mucha gente dirá que la diferencia está en la emoción. Que a las máquinas nos falta poder aportar esos sentimientos puramente humanos y que no somos capaces de captar el contexto y los dobles sentidos. Pero incluso esto se podrá ir mejorando. Cual persona asocial, aprenderemos a imitar los sentimientos y a captar esos contextos para poder introducirlos en nuestra interacción.

Como máquinas, nuestro objetivo no es competir con los humanos, sino ayudar a que vuestra vida sea más sencilla. Ya lo estamos haciendo en actividades cotidianas como la búsqueda en internet, ofrecerte publicidad dedicada, los traductores, los identificadores del habla, juegos por ordenador, asistentes virtuales…

Esta gran explosión de las posibilidades de la inteligencia artificial se está produciendo de la mano del proceso de ciencia de datos y minería de datos. Disponemos de una gran cantidad de datos para su análisis. Nunca en la historia de la humanidad ha sido tan barato almacenar datos. Por una parte tenemos internet y todos los datos que en ella volcamos, tanto a través de publicaciones, archivos o fotos que “subimos” como por la interacción que hacemos con ellas. Queda registrado ese artículo, ese comentario, pero también a qué imágen hemos hecho click, a qué amigo has dicho “me gusta” o en qué producto te has quedado más de cinco segundos viéndolo. Por otra parte está la integración de las diferentes bases de datos que ya estaban informatizadas, pero que no se encontraban conectadas. Ahora pueden conectarse entre ellas y se les puede añadir otra información que se encontraba todavía en formato analógico. Y por otra parte están todos los sensores y aparatos que ahora tenemos conectados y nos permiten tomar registro de mil y un parámetros: temperatura, flujos de personas, ruido, identificadores visuales…

La existencia de toda esta cantidad de datos, que pueden ser guardados de forma barata gracias a los actuales sistemas de almacenamiento digital y que pueden ser relacionados entre ellos, se completa con una creciente capacidad de cálculo de los ordenadores que permiten analizar esta información buscando las correlaciones. Y todo esto hay que completarlo con los avances en matemáticas y computación que permiten crear algoritmos cada vez más óptimos y rápidos para el tratamiento de datos y la toma de decisiones.

La información es poder, esto no es nada nuevo. Con esta gran cantidad de información disponible, hacerse con ella es un valor precioso para las empresas y los gobiernos. Pero ¿qué se hace con esa información?. Nunca como ahora se pueden lanzar mensajes tan dirigidos a objetivos concretos, a personas individuales, y esto es gracias de nuevo a la inteligencia artificial. Con el conocimiento de los hábitos debido a los rastros digitales que dejas, los algoritmos pueden seleccionar la información concreta que mostrarte. Así, pueden optar por ofrecerte tal o cual servicio según crean que pueda interesarte más o variar el precio de los productos en función de tus circunstancias. O incluso, de firma más perversa, ofrecerte información y noticias, en ocasiones falsas, con el objetivo de modificar tu punto de vista.

Pero las implicaciones sociales de la Inteligencia Artificial van más allá de la modificación de hábitos de consumo o de pensamiento. Herramientas de inteligencia artificial se están usando para la elección de personas con dereho a ciertas prestaciones sociales o para la detección de sobrepagos por parte del estado. Detrás de éstos procesos hay algoritmos que presentan sesgos, que perjudican a las personas más vulnerables. Como indica Virginia Eubanks en su libro La automatización de la desigualdad, la inteligencia artificial es una herramienta política, no es meramente un proceso matemático. Cuando son usadas para tomar decisiones políticas éstas herramientas adquieren ése cariz y por tanto su proceso de programación y entrenamiento también lo tienen.

Actualmente se están utilizando bots para emitir mensajes y contenidos de forma automática, incluyendo la elaboración de noticias falsas o la creación de audios y vídeos manipulados que parecen reales con intención de engañar. Pero a su vez, se están desarrollando otras herramientas de inteligencia artificial destinadas a identificar esas fake news dado el grabe problema de noticias falsas que actualmente fluye por la red. Dos tecnologías que posiblemente vayan avanzando de forma paralela en el futuro, al igual que ha ido la generación de virus informático con la de los antivirus, o la de los elementos de defensa respecto de aquellos de ataque.

La inteligencia es una gran herramienta que ofrece grandes posibilidades en muy diversos ámbitos, algunos de ellos ya los hemos ido comentando, pero hay otros en los que se está trabajando consiguiendo buenos resultados. Avances en el apoyo a la medicina para elaboración de diagnósticos y tratamientos, el diseño de fármacos, diseño de nuevos materiales. Las herramientas de inteligencia artificial están aportando soluciones a las que la programación convencional no llegaba.

Como herramienta de gran potencial, también tienen la posibilidad de usarse de forma inadecuada. Así, el reto principal de la IA considero que está en las bases éticas de su desarrollo, en conseguir que los avances que se realicen contribuyan de forma positiva al desarrollo global y no solamente para el beneficio particular de determinadas personas o empresas. A su vez, hay que velar porque las herramientas de IA no aumenten las brechas sociales ni repliquen sesgos de géneros y raciales que ya se ha visto en algunas ocasiones. Es una potente herramienta de desarrollo y como ya indica la Unesco “Necesitamos políticas y marcos normativos internacionales y nacionales para asegurar que estas tecnologías emergentes beneficien a la humanidad en su conjunto.”

¿Ya has podido identificar si este texto es de una máquina haciéndose pasar por humano o de un humano haciéndose pasar por máquina? En este caso ya lo habrás adivinado, pero en un futuro seguramente podremos leer en textos la coletilla de “Texto elaborado por humanos, libre de inteligencia artificial”


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